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12/2/10

A través del espejo


LEWIS CARROLL, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí

Si Alicia en el país de las maravillas es el juego de las ideas, A través del espejo es el de las palabras. La comicidad conseguida entonces a través de la desestructuración de situaciones habituales, se consigue ahora a través de la conversación, mediante la desautomatización del lenguaje y un sutil análisis de la conversación, que fabrica chistes hilarantes para los niños y dilemas sociolingüísticos para los adultos. Y es que esta segunda parte, más interesante y mejor estructurada que la primera, más ambiciosa en suma, parece empeñada en que reflexionemos acerca de cómo nos comunicamos, algo que viene favorecido por la evidente falta de entonación en el texto escrito.

Los elementos más recurrentes son la literalización de frases hechas, la dilogías siempre dispuestas a la confusión y la libertad en el uso del lenguaje, que llega a confundirse con su desconocimiento. Elemento este último que, si bien ya se molestó Carroll entonces en nombrarlo, hoy en día alcanza cotas preocupantes, sobre todo en los profesionales del lenguaje, como es el caso de muchos periodistas y algunos escritores.

En definitiva se trata de una historia mucho mejor cohesionada que la anterior, más intelectual, que organiza todo alrededor de una supuesta partida de ajedrez que, en realidad, nunca llega a producirse, pero que conforma un mundo de lo más atractivo, igual de disparatado que el anterior y más familiar para la escasa imaginación de nuestros ojos adultos.

4/11/09

El capital

KARL MARX, El capital
Antes de decir nada acerca del Capital advertiré que lo leído por mí es una de sus versiones reducidas, me parecía demasiado trabajo leerme los no sé si son seis tomos que constituyen la obra original.

Esperaba encontrarme en sus páginas con una teoría económica para legos (como yo), acompañada por una reflexión filosófica de sus consecuencias. Nada más lejos de la realidad. Lo que nos ofrece es casi lo mismo que puede ofrecernos una manifestación antisistema: el empresario es malo maloso, un ogro, y los obreros tienen que liberarse de sus fauces. Se me ha antojado demasiado propagandístico e irreflexivo. En ningún momento tiene en cuenta el riesgo que los obreros ni toman ni comparten, y considera la especialización sólo como un proceso mecánico y nunca de aprendizaje, por lo que no confiere valor a los conocimientos y su utilidad para escalar económicamente.

El problema es que Marx no parece ver la economía como un motor social, sino como un motivo de enfrentamiento. Todos, según él, parece que deben estar al mismo nivel, sin importar su grado de esfuerzo ni de conocimiento.

Tras leerlo no he podido sino pensar que muchísimos de los que se autodenominan hoy en día comunistas o atacan el sistema capitalista (que es muy atacable, pero hasta cierto punto), no se han acercado jamás a sus páginas.

14/8/09

Tao Te King


Comentar algo sobre este libro es meterse en camisa de once varas. Empezaré diciendo que estoy en absoluto desacuerdo con la mayoría de las ideas que se postulan en él: la realidad no es lo que aparenta ser, los cientos de absurdas ideas sobre la santidad, la sociedad ideal jerarquizada en la que cada uno debe aceptar su papel y, sobre todo, la teoría de la no acción, algo que me exaspera se exponga como se exponga. Pero lo malo no son las enseñanzas del libro, sino la acomplejada moral occidental actual; todas estas enseñanzas que se consideran una virtud porque provienen de la milenaria sabiduría oriental se mirarían con ojos mucho menos bondadosos si vinieran acogidas por una visión occidental, y para muestra un botón:

Para superar lo difícil
ha de empezar por lo fácil.
Para realizar lo grande
ha de empezar por lo pequeño.
Por eso el santo nunca parece estar
realizando lo grande,
y sin embargo, al final puede
realizar una gran obra.

¡Cómo! ¿No les suena de nada? Pues bien: “Todos los hombres y mujeres pueden alcanzar la santidad realizando su trabajo y sus actividades diarias con un espíritu cristiano”. Esto es, no haciendo absolutamente nada que merezca ser tenido por santo, pero creyéndomelo me siento mucho mejor. Así expreso la misma idea que pretende Laozi, Escribá de Balaguer, pero mientras las ideas de Laozi se respetan por ser de una sabiduría milenaria, las de Balaguer se desprecian en occidente (excepto por sus seguidores) por ser una soberana estupidez. Temo, además, que Balaguer leyera demasiado a Laozi, pues alguna otra cosa que dijo este último creo que la tomó en sentido literal:

El santo viste ropa de tela basta,
pero en su bolsillo guarda un jade.

Aunque no todo es tan malo, algunas de sus enseñanzas son verdaderamente encomiables, y no nos vendría mal seguirlas de vez en cuando:

Tratar a nuestro conocimiento
como ignorancia es superior.
Tratar a nuestra ignorancia
como conocimiento
es una enfermedad.