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7/3/11

Chino americano


GENE LUEN YANG, Chino americano

“Como asiático americano, Chino americano es le libro que he estado esperando toda mi vida”. - Derek Kirk Kim

Esta es la frase con la que Chino americano se publicita en sus tapas, y resulta a todas luces exagerada. Bien es cierto que la novela gráfica tiene una serie de guiños que sólo serán comprendidos por aquellos lectores que tengan ciertos conocimientos de la cultura china, pero el asunto no pasa de ahí: una serie de guiños. Dichos guiños se limitan a la insistente repetición de un sello en todas sus páginas y a una reelaboración chistosa del Viaje al Oeste (de verdad tiene gracia si se conoce la referencia original). La aparición del sello imperial me parece interesante, aunque también excesiva, no creo que fuera necesario que apareciera en todas y cada una de las páginas. Este sello resalta la importancia de un relato que parece intrascendente a lo largo de su desarrollo, hasta que llegamos al final y todo cobra sentido.

La novela está compuesta de tres historia separadas que confluyen al final para dar unidad al conjunto y, como en toda buena historia de aprendizaje, conformar una moraleja final. Además, las tres historias se van mezclando de manera en apariencia caótica, pero bastante ordenada una vez que puede verse con la perspectiva necesaria que ofrece el disponer de todas las piezas. La primera de ellas es una reelaboración aún más cómica que la original del Viaje al Oeste. La segunda, la historia de un chico asiático que trata de integrarse en su colegio de los Estados Unidos. La tercera cuenta cómo la vida de un estudiante popular se va al traste con la visita de un pariente suyo chino, que hace que todos empiecen a verlo como un bicho raro. Todos reconoceremos a este pariente como al chino idiota de las antiguas comedias americanas, cuyo único cometido era meter la pata y decir frases absurdas. Aquí su papel se repite a la perfección, pero va más allá, pues él se revelará como verdadero protagonista de todo el conjunto, como la única voz auténtica dentro de todo ese teatro de apariencias que se ha ido formando para no ser quienes realmente somos y formar parte de aquello que consideramos mejor que nosotros.

Es en este punto donde Chino americano se convierte en un viaje opuesto al que nos ofrecía Viaje al Oeste. Si en este último el viaje iniciado tenía por objeto que sus protagonistas mejoraran personalmente, en Chino americano les lleva a perder su propia personalidad por la ilusión de un mundo de apariencias.

Quizá el mayor defecto de Chino americano sea limitar este dilema moral a la conservación de las propias raíces, en lugar de ampliarlo a la autoafirmación que todos necesitamos, vivamos o no lejos de nuestro ambiente natal.

Una buena historia para cualquiera que disponga de media hora libre, aunque de una elaboración un tanto infantil (tanto por el dibujo como por su desarrollo), teniendo en cuenta las referencia adultas que utiliza.

14/2/11

La sombra del viento


CARLOS RUIZ ZAFÓN, La sombra del viento

Comenzaré exponiendo que la lectura de este libro ha sido ante todo, para mí, un experimento, pues en modo alguno lo he leído, sino que lo he escuchado. Algunas personas me lo habían recomendado con anterioridad y, a pesar de que me llamaba la atención, siempre me había dado bastante pereza enfrentarme a la primera novela para adultos de Ruiz Zafón, hasta que llegó a mis manos un ejemplar ya leído y listo para excuchar, un audiolibro, y decidí disfrutarlo en este tan singular formato para mí. Y la experiencia fue buena. Por supuesto que tuvo algunas pegas; era, por ejemplo, casi imposible echar páginas atrás para revisar algo y, dependiendo del lugar, el ruido ambiente podía resultar molesto para la correcta audición. Sin embargo mi principal preocupación, el hecho de que mi mente volase sin prestar atención a las palabras que la grabación susurraba en mi oído, no llegó a producirse, por lo que ya he tomado la decisión de que su publicitada segunda parte, El juego del ángel, pasará a formar parte de mis conocimientos enciclopédicos mediante este mismo procedimiento.

Una cosa me proporcionó este tipo de “lectura” que nunca podría haber experimentado mediante una de tipo más “tradicional” (entrecomillo tradicional porque tendemos a olvidar que la transmisión literaria ha sido durante mucho tiempo oral, pues hace relativamente poco que todos sabemos leer): el placer de disfrutar de sus “páginas” al tiempo que admiraba las evoluciones del paisaje a través de la ventanilla del tren, pues gran parte de la novela la disfruté durante un viaje a través de la China de veintitrés horas de ida y otras veintitrés de vuelta. Y les aseguro que experimentar la literatura y la naturaleza al mismo tiempo es algo sin duda mágico.

Tras esta breve introducción debería pasar a hablar de la novela en sí misma, a la que me cuesta aceptar como una novela para adultos. Ruiz Zafón viene de la literatura juvenil y eso se nota en La sombra del viento. Incluso me atrevería a aventurar que él comenzara a escribir la historia pensando en su habitual público y cambiara su orientación a medida que ésta se desarrollaba. Es decir, que nació como novela infantil y fue creciendo en edad al tiempo que lo hacía en número de páginas. Digo esto por la ambientación y personajes que acompañan al inicio de la novela, con un protagonista niño dispuesto a correr grandes aventuras en un lugar tan misterioso como puede serlo el cementerio de los libros olvidados, casi mágico, como los que aparecen en todos los libros infantiles, y custodiado por ese guardián-bibliotecario. Porque... ¿Qué es el cementerio de los libros olvidados? ¿Una librería? ¿La biblioteca particular de alguien? ¿Algún tipo de almacén? Lo cierto es que desde un principio se nos muestra como un lugar casi fuera de nuestra realidad, al que sólo unos pocos elegidos tienen acceso, como si fueran miembros de un muy selecto club de cierto misticismo y cuyo conocimiento va heredándose de padres a hijos. El bibliotecario se dedica a eso: a se el bibliotecario del cementerio, que por otro lado parece estar en el lugar más recóndito de Barcelona y no tener financiación alguna. Además hay un pacto de silencio por el que todos aquellos que conozcan la existencia del lugar deben guardar el secreto. Todo esto se sostiene en la fantasía de una novela infantil y así lo aceptamos, pero La sombra del viento se va haciendo más adulta conforme avanza (no demasiado, salvo por algunas escenas de sexo y violencia), y cambia paulatinamente su argumento de fantasía juvenil por otro histórico y detectivesco más propio de los best-sellers actuales. Pero dentro de todo este mundo mucho más realista se mantiene el cementerio como un resto de lo que la novela había empezado siendo, lo cual crea situaciones no del todo verosímiles.

Pero el gran acierto de La sombra del viento es su mezcla de elementos, dispuestos al estilo de una novela de folletín, con multitud de picos y aplazamientos en la trama. Ahí dentro se mezclan una historia de misterio, con una narración histórica, con dramas familiares y amorosos, que en ocasiones merecerían haber sido escritos por el propio Dumas.

No es una gran novela pero sí una buena novela. Zafón ha sabido ver los vicios y defectos de los lectores “adultos” actuales y les ha sabido sacar partido en un libro que me atrevería a llamar de adoctrinamiento literario. Me explico. Dumas, Tolstoi, Wilde... los clásicos, en fin, son desplazdos hoy en día por el público adulto en favor de una literatura ligera de best-seller con volátiles tramas pseudohistóricas y una literatura infantil “con mucha letra” y en ocasiones bastante pobre. Vamos, que a los lectores actuales les gusta que les hablen como a niños. Zafón, conocedor de la literatura infantil, pues es uno de sus autores, hace uso de sus conocimientos y valiéndose de ese tirón arrastra al lector hacia el mundo del folletín, “educando” así sus gustos. Si el lector de J. K. Rowling es carne de cañón para Stephenie Meyer (sí, comprendo la ironía de esto) y más adelante para Dan Brown, el paso lógico tras La sombra del viento son Dumas y sus coetáneos.

Repito que no pasa de ser una novela más, pero una que arranca un soplo de aire fresco para la narrativa de best-seller, llevándola por caminos mucho más dignos de los que habitualmente transita y, lo más importante, llevando a sus lectores a mucho más recomendables puertos.

16/5/10

Robin Hood


HOWARD PYLE, Las alegres aventuras de Robin Hood

Robin Hood vive oculto en los bosques de Sherwood desde que, siendo aún joven, mató uno de los ciervos del rey y se convirtió así en un proscrito. Desde que aquello sucediera, ciento cuarenta hombres más se han unido a sus alegres proscritos. Ocultos entre los árboles roban las dos terceras partes de su cargamento a todo aquel que se enriquece con métodos poco honestos y pasa por el camino del bosque, y de lo sustraído la mitad lo dedican a obras de caridad. Sus compañeros más cercanos son el Pequeño John, su mano derecha, su sobrino, Will Escarlata, y el bardo Alan de Dale.

Este es el argumento básico de Las Alegres aventuras de Robin Hood, una novela de puro entretenimiento que su autor utiliza en muchas ocasiones para desarrollar una especie de locus amoenus de corte medieval. Sin duda Howard Pyle era un gran conocedor de la Edad Media, y nos regala en esta novelita de aventuras una descripción de la vida cotidiana de aquella época, más bien del ocio que entonces era habitual y que choca en ocasiones con nuestra manera de entender la diversión, tanto ha cambiado el mundo. Si bien el estilo de la novela no es en absoluto medieval (gracias a Dios, pues es de agradecer el que sepa mantener la perspectiva), sí que lo es la forma de la narración, empezando por esa máxima del medievo que tan mal parecemos entender en la actualidad: deleitar aprovechando. Pyle pone un gran énfasis en las formas de entretenimiento medievales, siendo la música una de las que más importancia cobran dentro de la novela. No son pocas las veces en que alguno de los personajes entona canciones que son escuchadas con gran interés por sus interlocutores, mediando siempre en el capítulo un juego de falsas modestias que son inmediatamente puestas al descubierto por el entretenimiento proporcionado. Varios personajes instan a uno a cantar, que en un principio finge negarse, pero que acaba accediendo a cambio de que los demás también canten para poder disfrutar asimismo de ese modo de diversión. Siempre se niegan, pero siempre cantan. Hay que tener en cuenta para entender esto que la música era una forma de entretenimiento (la música con instrumentos, se entiende) al alcance tan sólo de los muy ricos, pues para disfrutar de ella había que ser capaz de mantener a un grupo de músicos, como mínimo a uno solo. Es como si hoy en día para poder escuchar, por ejemplo, a Def Leppard, tuviéramos que darles alojamiento, comida y un sueldo, algo a todas luces imposible para el común de los mortales. Así pues, este grupo de proscrito que luchan contra los abusos de los ricos lleva en realidad una vida muy relajada y lujosa, aun cuando viven en plena naturaleza. Y si observamos de cerca esas canciones, veremos que se trata de letrillas y romances, con un sabor muy popular (aquí no puedo asegurar si las compuso el propio Pyle para su novela o si son auténticas cancioncillas de la época, pues desconozco la lírica medieval inglesa), y eso nos ayuda a comprender el contexto en el que toda esa poesía ligera nació.

Otro de los entretenimientos de la época que observamos, son los concursos de diverso tipo que las clases pudientes organizan para diversión propia y del pueblo, ganándose de esa forma las simpatías del pueblo (pan y circo). No eran estos tan comunes pues no dependen del propio pueblo por su escasez de recursos, aunque aparecen varios de ellos en la novela, entre los que reconoceremos aquel concurso de tiro con arco cuyo premio era una flecha de oro y que estaba pensado para atrapar al jefe de los proscritos, por la película de Disney.

Pero la principal enseñanza de la novela es de orden moral, y tan sencilla como que hay que ser honestos. Vemos cómo desfilan por sus páginas personajes pudientes que se han enriquecido en muchas ocasiones a costa de otros a los que han engañado (o intentado engañar), y cómo todos ellos son sistemáticamente saqueados por los hombres de Robin Hood. Sólo aquellos que han ganado su dinero de forma deshonesta, pues también tenemos el ejemplo de un noble que nunca trató de estafar a nadie, y que no sólo no es desvalijado por los proscritos, sino que incluso recibe su ayuda. En cierta ocasión, incluso, Robin desvalijará a unos mendigos, dejando bien claro que no sólo los ricos tienen la obligación de no aprovecharse de sus semejantes porque sus bienes lo hagan innecesario, sino cualquier persona, sea de la condición que sea. Incluso el final de Robín Hood vendrá marcado por su forma incorrecta de actuar, al rebelarse contra las órdenes de su rey.

Hoy en día es difícil encontrar una novela de estas características, no sólo por la ingenuidad de su personaje principal, que representa el opuesto de los ideales actuales, sino por su estructura tan episódica que permitiría incluso leer sus diferentes partes en orden aleatorio. Si bien la historia guarda un orden, cada uno de sus episodio conforma una historia cerrada que podría ser leída independientemente. Eso hace que las subtramas no vayan desarrollándose a lo largo del relato y cerrándose paulatinamente como estamos acostumbrados a ver en la novela actual, sino que surjan y terminen en un período muy breve. Aunque esto no represente ningún problema a la hora de llevar a cabo la lectura, que resulta muy ágil. Es más, esta estructura justifica del todo el título, Las alegres aventuras de Robin Hood, pues eso es lo que es, un colección de aventuras.

La novela, en fin, es una lectura ligera pero muy provechosa si se sabe leer entre líneas, con una estructura secilla que permitirá que cualquier lector, del nivel que sea, pueda acercarse a ella sin problemas. Por otro lado, los que crecimos con las aventuras del zorro de Disney y más adelante vimos a Errol Flinn vestido de verde (como muchas veces insiste la novela que hacen Robin y sus proscritos, pues ese era uno de los colores más comunes de la ropa de camino, así que no es camuflaje en el bosque lo único que les ofrece, sino en buena medida también social), o nos entusiasmamos después con la versión de Kevin Reynolds, no podremos evitar echar de menos a Lady Marian, a la que ni una sola vez veremos aparecer entre las páginas del libro que tenemos entre manos. Quizá haya que buscarla en las páginas de Dumas, Pierce Egan the Younger ,en el libreto operístico de Harry B. Smith o en las baladas medievales. En las páginas de Walter Scott les aseguro que tampoco aparece.

9/3/10

Joyas literarias juveniles


Joyas literarias juveniles, tomo 21

Recientemente un amigo me ha regalado una edición moderna de aquellos cómics que en nuestra infancia (y en épocas anteriores a ella) se hacían de grandes clásicos de la literatura para acercar a los niños a ellos. Hoy ese concepto, por desgracia, parece ya no existir, en favor de una exagerada proliferación de novela pseudoinfantil que parece buscar, más que la formación de un criterio cultural, una simple cifra de ventas. De verdad creo que Michael Ende es el último gran novelista para niños, Miguel Delibes en el caso de España (todos los niños deberían leer Tres pájaros de cuenta).

Lo bueno de aquellos cómics es que nos acercaban las grandes historias que había producido el ingenio humano, pero en una clave que nos resultaba mucho más cercana a nuestra aún corta edad. El paso del tiempo se encargaría después de que los recordáramos con nostalgia y quisiéramos acercarnos al texto original.

Y este obsequio fue doblemente interesante, pues no sólo trajo de vuelta a mis manos aquella época, sino que además el volumen traía consigo tres títulos que jamás he leído, ni en su versión comiquera ni novelística. El primero de ellos Enrique de Lagardère (El jorobado, en su título original) de Paul Féval, sí que era un viejo conocido por sus versiones cinematográficas, la última de las cuales, si mal no recuerdo se titulaba En guardia y se anunciaba con la frase "si tu no vas a Lagardère, Lagardére irá a ti". Lord Jim de Joseph Conrad y Las aventuras del Barón de Münchausen son los otros dos títulos que completan el tomo. En ellos la historia queda despojada de cualquier cosa que no sea la pura aventura, que es lo que atrae al niño, pero así debe ser: eso aviva su imaginación y lo predispone al descubrimiento, a la búsqueda, más sosegada esta vez, de las obras originales y de todo el mundo literario y cultural que se desprende de ellas.

Como contrapartida, hay que admitir que el dibujo de estos cómics no ha envejecido demasiado bien y necesita un urgente lavado de cara, porque esas viñetas de aspecto antiguo y tan rígidas lo tienen difícil para atraer a un público que está acostumbrado, en la actualidad, a algo mucho más dinámico. Estaría bien que alguna editorial se dedicara a reescribir en clave de cómic a los grandes clásicos, tal como se hizo entonces, actualizando su estética, de la misma manera que que se hace en el cine. Porque al público infantil hay que ofrecerle, no exigirle, lo que me hace pensar en lo infantiles que nos hemos vuelto como público cinematográfico.

12/2/10

A través del espejo


LEWIS CARROLL, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí

Si Alicia en el país de las maravillas es el juego de las ideas, A través del espejo es el de las palabras. La comicidad conseguida entonces a través de la desestructuración de situaciones habituales, se consigue ahora a través de la conversación, mediante la desautomatización del lenguaje y un sutil análisis de la conversación, que fabrica chistes hilarantes para los niños y dilemas sociolingüísticos para los adultos. Y es que esta segunda parte, más interesante y mejor estructurada que la primera, más ambiciosa en suma, parece empeñada en que reflexionemos acerca de cómo nos comunicamos, algo que viene favorecido por la evidente falta de entonación en el texto escrito.

Los elementos más recurrentes son la literalización de frases hechas, la dilogías siempre dispuestas a la confusión y la libertad en el uso del lenguaje, que llega a confundirse con su desconocimiento. Elemento este último que, si bien ya se molestó Carroll entonces en nombrarlo, hoy en día alcanza cotas preocupantes, sobre todo en los profesionales del lenguaje, como es el caso de muchos periodistas y algunos escritores.

En definitiva se trata de una historia mucho mejor cohesionada que la anterior, más intelectual, que organiza todo alrededor de una supuesta partida de ajedrez que, en realidad, nunca llega a producirse, pero que conforma un mundo de lo más atractivo, igual de disparatado que el anterior y más familiar para la escasa imaginación de nuestros ojos adultos.

7/2/10

Alicia en el país de las maravillas


LEWIS CARROLL, Alicia en el país de las maravillas

La de Alicia es una historia que todo el mundo parece conocer, o que al menos cree conocer. En la mayoría de los casos lo más cercano a esta afirmación son aquellos que en algún momento vieron aquella adaptación en dibujos animados realizada por Walt Disney. Es cierto que resulta una lectura interesante tanto para niños como para adultos, pero en modo alguno se me antoja la obra maestra que representa que es. El juego de los cambios de tamaño no pasa de ser un mero divertimento infantil, y la aparición de la reina y la baraja de cartas como elemento "unificador" del conjunto parece insuficiente.

Quizá la escena más interesante de todas sea la merienda de locos, con el sombrerero, la liebre de marzo y el lirón tomando el té y manteniendo una conversación delirante, no muy distinta de lo que pueden parecer nuestras importantísimas disquisiciones a un niño de cinco años, única edad en la que, como todos sabemos, se piensa en cosas realmente importantes. Y es que aquí nos resulta más fácil identificarnos con los tres chiflados que con Alicia, que, a pesar de su corta edad, representa el elemento adulto, y cuando a una edad ya cumplida leemos un libro infantil queremos ser niños, alocados e irresponsables, y no el elemento que impone la razón.

Sin embargo, por interesantes que resulten varios de los momentos de Alicia en el país de las maravillas, esos momentos, brillantes en ocasiones, resultan inconexos hasta el punto de que una vez concluida la lectura es difícil rememorar el hilo de la historia. Aunque tiene los suficientes méritos para que nadie deba admitir no haber tomado un té con el sombrerero loco, o no haber perseguido a la carrera al conejo blanco, con temor a llegar tarde no sabemos muy bien a dónde.

16/10/09

El asesinato de la profesora de lengua

JORDI SIERRA I FABRA, El asesinato de la profesora de lengua


¿Quién dijo que las segundas partes nunca fueron buenas? Pues aquí tenemos la versión infantil que ataca esos convencionalismos. Si he de ser sincero esta segunda parte no aporta nada sobre la primera, pero sigue con efectividad el plan que se planteaba desde el principio de ser un entretenimiento infantil útil y divertido.


El argumento es similar al anterior (El asesinato del profesor de matemáticas) y viene a repetir la misma historia pero cambiando las pruebas matemáticas por otras lingüísticas y el deseo de esclarecer el asesinato del profesor por el de evitar el propio asesinato a manos de la profesora. Sin embargo esta repetición no disminuye su calidad, puesto que se convierte en un vehículo perfecto para acostumbrar al descubrimiento cultural a los niños, evitando esa esquizofrénica literatura infantil actual tan en boga, desgraciadamente, en estos días.


Repito lo anteriormente dicho: olvídense de tanto Harry Potter y entreguen esto a sus niños.

12/8/09

El asesinato del profesor de matemáticas



En estos tiempos de chorradas pseudoinfantiles que además dicen ser adultas, como Harry Potter, leer un libro de verdad para niños y realmente bueno para ellos y también para los adultos que sepan leerlo (pero ojo, desde la perspectiva infantil y no desde esa esquizofrénica de literatura de adultos escrita para niños que tanto se lleva ahora). El libro ofrece tres cosas esenciales en un libro infantil:

1) Una aventura. Sin ella no se puede atraer a un niño.

2) Diversión. Por la rápida sucesión de los acontecimientos y los juegos con los que nos encontramos a lo largo de la lectura.

3) Una enseñanza. No la evidente de que las matemáticas pueden ser divertidas, sino la importancia del esfuerzo.

Guarden, pues, sus libros de Harry Potter y ofrezcan esto a sus niños.